“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame, porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará” Lucas 9.23-24.
La tarea primordial de Jesús durante su ministerio terrenal fue preparar un grupo de personas que pudieran continuar la tarea que Él había iniciado acá en la Tierra. Invirtió su vida en sus discípulos durante tres años para asegurar que el trabajo iniciado sería continuado y pasado de una generación a otra hasta el día que Él regresara. Cuando Jesucristo mandó a sus seguidores a hacer discípulos (Mt 28.20) ellos entendían bien lo que tenían que hacer, porque habían sido entrenados (discipulados) por el Señor.
Una frase que se repite varias veces en los evangelios es “Sígueme”. Algunos de los que escucharon este llamado fueron tras Jesús dejándolo todo mientras otros expusieron toda clase de excusas para no seguirle (Lc 9.57-62, Mt 19.16-22).
¿Cuáles son algunas de las excusas actuales que ponemos para no seguirle?
