«Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer… Entonces el hombre le dijo: ¡Suéltame, que ya está por amanecer! ¡No te soltaré hasta que me bendigas! respondió Jacob. ¿Cómo te llamas? le preguntó el hombre. Me llamo Jacob respondió. Entonces el hombre le dijo: Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.» Génesis 32.24-28 NVI
Jacob intentó abrirse camino a la bendición de Dios a través de la manipulación (el nombre de Jacob significa engañador), pero el éxito del plan divino no dependía del mérito de Jacob sino del poder, la misericordia y la grcia de Dios.
En su encuentro con Dios en Peniel, Jacob todavía estaba intentando usar sus propias capacidades para fabricar bendiciones. En este caso, intentón con todas sus fuerzas aferrarse para recibir algo de Dios. Sin embargo, al Señor le interesaba hacer algo más profundo en la vida de Jacob de lo que el entendía. Quería transformarlo en una nueva persona.
El cambio de nombre de ciertas personas por parte de Dios (Abraham, Pablo, Pedro) refleja un cambio en el carácter. Refleja un privilegio así como una responsabilidad.
